IRENE AGUILERA MARTÍN
Comisariado, investigación artística y gestión cultural



COMISARIADO ARTÍSTICO

«La revolución del descanso. Encuentros para tejer, bailar y comer» (INJUVE)

Tirando del hilo. Lenguajes textiles en el arte contemporáneo (RedITINER)
         
Como una llamada a los cuervos en medio del silencio. Colección de Videoarte Teresa Sapey (Museo Vostell Malpartida)                

Diseñar, editar, liberar. Una aproximación al pensamiento visual de Alberto Corazón (MNCARS)  
     
CUTTOO
 
Marta Movidas en su set musical para “Conciertos de sobremesa” comisariado por Buenos Amigos. © de la fotografía: María Margo


Ser joven y trabajar en el ámbito cultural en el contexto actual implica, en la mayoría de los casos, sucumbir a ritmos de producción extremadamente exigentes que no dejan espacio para la creatividad, el descanso y el disfrute. Para convertirse en profesionales, los jóvenes se ven empujados a dedicar la totalidad de su tiempo a emprender proyectos personales, colaborar con otros, crear redes, formarse, investigar y realizar numerosos esfuerzos adicionales que requieren una gran cantidad de energía para prosperar, dejándolos exhaustos. Aunque estas iniciativas nacen siempre desde la inquietud y el deseo de hacer lo que les apasiona de la manera que desean, terminan por absorber su día a día y sus momentos de ocio y desconexión, haciendo inviable un equilibrio productivo saludable. Trabajo, vida privada y descanso se vuelven incompatibles cuando el tiempo, y su ausencia, se traducen directamente en capital social y recursos económicos.  

La hiperproductividad representa un problema generacional en el que todo el tiempo se ha transformado en potencial tiempo de producción. El tiempo libre y el ocio se diluyen dentro de los periodos productivos, lo que genera un agotamiento generalizado que conduce a la frustración y al malestar. Sin embargo, y como puede observarse en la escena cultural de la ciudad, continúan surgiendo proyectos liderados por jóvenes que buscan alternativas sostenibles y desafían los requerimientos capitalistas y mercantiles de las industrias culturales predominantes.

Con la vocación de explotar y ampliar las burbujas de los creadores emergentes del panorama descrito, nació POMPA. Ante un paisaje cultural visiblemente precarizado y elitista, POMPA propuso un espacio cálido y crítico en el que generar alianzas y visibilizar las propuestas de jóvenes atravesados por su contexto. En aquella ocasión, POMPA habitó la Sala Amadís para dar cabida a proyectos culturales que se alejaban de la hiperproductividad y reflexionaban sobre ella a partir de ritmos lentos, dinamitando la dicotomía producción/ocio y trabajo/descanso.  


Bajo esta premisa, y con el apoyo de las Ayudas Injuve para la Creación Joven 2023, se presentó «La revolución del descanso. Encuentros para tejer, bailar y comer». Fue una serie de encuentros mediados por diversos colectivos y artistas que buscaban reflexionar y actuar en torno a las nociones de recreo, fiesta y producción desde el descanso y la celebración.  

Los conceptos introducidos con este proyecto atravesaban a toda una generación de artistas y agentes culturales, igual que en su momento lo hizo la crisis económica de la primera década del siglo en el país. Se trataba de jóvenes en proceso de profesionalización que se veían obligados a buscar y crear nuevos espacios y formatos de producción y consumo cultural, ya que a los existentes difícilmente tenían acceso o se habían quedado obsoletos. En «La revolución del descanso» se puso en valor el festejo desde nuevos lugares alejados del frenetismo y la hiperactividad de cierto consumo cultural.  

Entendiendo que la revisión y los procesos disruptivos y renovadores eran una parte necesaria del desarrollo cultural, POMPA anhelaba encontrar espacios desde los que poder hacerlo sin prisa, construyendo en colectivo. Sin caer en el utopismo y disfrutando de esos momentos como lo que eran: una pausa, la búsqueda del hueco que permitiera ralentizar la máquina, el freno temporal de la sobreestimulación.

El proyecto también contiene un trasfondo reflexivo sobre la institución cultural, como pieza elemental de esa máquina. POMPA entiende que los contextos institucionales han de ser plataformas para les artistas y sus públicos que actúen como espacios de juego, prueba, experimentación y testeo. Las producciones de POMPA, siguiendo esta lógica, van más allá de la exposición, tratando de diluir los límites formales de los talleres, los conciertos, las performances, las exposiciones, las mesas redondas, etc. Trabajando siempre desde un in-between que resulta no sólo más divertido sino también crítico y participativo. En nuestro imaginario resuenan las palabras del comisario Martí Manen y su defensa de la performatividad, de la capacidad de acción y afección de lo real de la práctica curatorial:

Pienso mucho en términos de performatividad o en ejemplos de relación. Una exposición como un tango, una exposición como un club de techno a las cuatro y media de la noche, una exposición como un enamoramiento teenager, una exposición como rabia, una exposición como una caricia furtiva, una exposición como el ver a alguien que está intentando conectar con otra persona que no eres tú, una exposición como dejar de fumar, una exposición como un thriller, una exposición como tomar el sol durante el invierno, una exposición que se activará en tu cerebro dentro de diez años y que será entonces cuando tendrá sentido para ti. Las propuestas que conformaron los cinco encuentros buscaban destacar procesos culturales que juegan con temporalidades lentas. Reivindicando el ocio como pausa y disfrute e introduciendo, en los espacios culturales institucionales, zonas de reunión, siesta y celebración. Cada artista o colectivo planteó una revisión del descanso desde enfoques diversos: lo onírico y el sueño, la comida y el ritual, la producción artística y los momentos de intercambio, el juego, la recuperación del ocio teenager y la cultura pop, la convalecencia, la música y el baile. Estos encuentos reivindicaron la producción y el consumo cultural desde el contexto institucional pero proporcionando más lugares de pausa e indefinición. Para llevar a cabo una revolución del descanso. Para escuchar, para festejar, para disfrutar. Para producir escuchando, festejando, disfrutando y descansando.

Claudia Polo (Soul in the Kitchen) en su taller ‘La mesa infinita’, introduciendo el fanzine y cuadernillo de dibujos de Maiky Maik. © de la fotografía: María Margo

Los encuentros fueron los siguientes:

1. “Sentarse a la fresca para soñar con gatos, lobas y cristales que se rompen”,
taller de bordado y siesta de escucha activa. Con Lucía Amor, Álvaro del Fresno y Jaime del Fresno, el 08 de mayo.

2. “Tarde de juegos y merienda”, ‘La mesa infinita: merienda como resistencia y pintura mural como medio de creación para descansos futuros’. Con Soul in the Kitchen y Maiky Maik, el 21 de mayo.

3. “Pop-pijamada”, taller pop-fanart desde el fanzine, el juego y las artes monas, con toques de la cultura pop/teenager. Con Periferia Silvestre, el 05 de junio.

4. “Conciertos de sobremesa”, charlas, pipada y showcase musical. Con La Hyperromería (Lola del Gallego Noval y Flavia García), Marta Movidas y Stephen Please (comisariado por Buenxs Amigxs), el 07 de junio.

5. “La última mejor noche. Ni la última ni la mejor ni de noche. Vol. 2 (Fiesta de fin de curso)”, mesa redonda en salita de estar, show drag y dj set final. Con Mesa Camilla, Pompa, Shakuira y Karma C, el 14 de junio.

6. “Registros y rastros”, exposición colectiva a partir de los registros generados tras cada encuentro. Del 17 al 21 de junio.
Karma C en su dj set para “La última mejor noche…”. © de la fotografía: María Margo
Asistentes en ‘Bordar un sueño’, taller de bordado de Lucía Amor. © de la fotografía: María Margo


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